Alemania Occidental se une a la OTAN

Alemania Occidental se une a la OTAN

Diez años después de la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, Alemania Occidental se une formalmente a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), un grupo de defensa mutua destinado a contener la expansión soviética en Europa. Esta acción marcó el paso final de la integración de Alemania Occidental en el sistema de defensa de Europa Occidental.

Alemania había sido una nación dividida desde 1945. Los estadounidenses, británicos y franceses tenían zonas de ocupación en Alemania Occidental y Berlín Occidental; los soviéticos controlaban Alemania Oriental y Berlín Oriental. Aunque tanto los estadounidenses como los soviéticos proclamaron públicamente su deseo de una Alemania reunificada e independiente, rápidamente se hizo evidente que cada uno de estos oponentes de la Guerra Fría solo aceptaría una Alemania reunificada que sirviera a los intereses específicos de su propia nación. En 1949, los estadounidenses, británicos y franceses combinaron sus zonas de ocupación en Alemania Occidental para establecer una nueva nación, la República Federal de Alemania. Los soviéticos respondieron estableciendo la República Democrática Alemana en Alemania Oriental.

El 5 de mayo de 1955, las fuerzas estadounidenses, francesas y británicas terminaron formalmente su ocupación militar de Alemania Occidental, que se convirtió en un país independiente. Cuatro días después, Alemania Occidental se convirtió en miembro de la OTAN. Para los políticos estadounidenses, este fue un paso esencial en la defensa de Europa Occidental. A pesar de la renuencia de algunas naciones europeas, como Francia, a ver una Alemania rearmada, incluso como un aliado, Estados Unidos creía que la remilitarización de Alemania Occidental era absolutamente vital en términos de establecer un perímetro defensivo para contener cualquier posible intento soviético de expansión. . La respuesta soviética fue inmediata. El 14 de mayo de 1955, la Unión Soviética estableció el Pacto de Varsovia, una alianza militar entre Rusia y sus satélites de Europa del Este, incluida Alemania del Este.

La entrada de Alemania Occidental en la OTAN fue el paso final en la integración de esa nación en el sistema de defensa de Europa Occidental. También fue el último clavo en el ataúd en cuanto a cualquier posibilidad de una Alemania reunificada en un futuro próximo. Durante los siguientes 35 años, Alemania Oriental y Occidental llegaron a simbolizar las animosidades de la Guerra Fría. En 1990, Alemania finalmente se reunificó; el nuevo estado alemán siguió siendo miembro de la OTAN.


OTAN: su propósito, historia y miembros

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es una alianza de 30 países que bordean el Océano Atlántico Norte. La Alianza incluye a los Estados Unidos, la mayoría de los miembros de la Unión Europea, el Reino Unido, Canadá y Turquía.

Estados Unidos aporta tres cuartas partes del presupuesto de la OTAN. Durante la campaña presidencial de 2016, Donald Trump dijo que otros miembros de la OTAN deberían gastar más en sus fuerzas armadas. A partir de 2019, solo 10 países alcanzan el gasto previsto del 2% del producto interno bruto.

En la cumbre de la OTAN del 11 de julio de 2018, el presidente Trump solicitó que las naciones de la OTAN aumentaran su gasto en defensa al 4% de su producto interno bruto (PIB). Por ejemplo, se pronostica que Estados Unidos gastará el 3,87% del PIB en defensa en 2020.

Trump también criticó a Alemania por pedirle a Estados Unidos que la proteja de Rusia mientras importa miles de millones en gas natural de ese proveedor. Acusó a la OTAN de estar obsoleta. Argumentó que la organización se enfoca en defender a Europa contra Rusia en lugar de combatir el terrorismo. A los países miembros les preocupaba que las críticas de Trump a la OTAN y los elogios al líder de Rusia, Vladimir Putin, significaran que ya no podían confiar en Estados Unidos como aliado en caso de ataque.


Un tratado para nuestra época

Afortunadamente, para entonces Estados Unidos había dado la espalda a su política tradicional de aislacionismo diplomático. La ayuda proporcionada a través del Plan Marshall financiado por Estados Unidos (también conocido como Programa Europeo de Recuperación) y otros medios fomentaron cierto grado de estabilización económica. Sin embargo, los estados europeos todavía necesitaban confianza en su seguridad antes de comenzar a hablar y comerciar entre ellos. La cooperación militar y la seguridad que aportaría tendrían que desarrollarse paralelamente al progreso económico y político.

Con esto en mente, varias democracias de Europa Occidental se unieron para implementar varios proyectos para una mayor cooperación militar y defensa colectiva, incluida la creación de Western Union en 1948, que luego se convertiría en la Unión de Europa Occidental en 1954. Al final, se determinó que sólo un acuerdo de seguridad verdaderamente transatlántico podría disuadir la agresión soviética y al mismo tiempo prevenir el resurgimiento del militarismo europeo y sentar las bases para la integración política.

En consecuencia, después de mucha discusión y debate, el Tratado del Atlántico Norte fue firmado el 4 de abril de 1949. En el renombrado Artículo 5 del Tratado, los nuevos Aliados acordaron “un ataque armado contra uno o más de ellos… será considerado un ataque contra todos ellos ”Y que luego de tal ataque, cada Aliado tomaría“ las acciones que considere necesarias, incluido el uso de la fuerza armada ”en respuesta. Es significativo que los artículos 2 y 3 del Tratado tenían propósitos importantes que no guardaban relación inmediata con la amenaza de ataque. El artículo 3 sentó las bases para la cooperación en la preparación militar entre los aliados, y el artículo 2 les permitió cierto margen de maniobra para participar en la cooperación no militar.

Si bien la firma del Tratado del Atlántico Norte había creado aliados, no había creado una estructura militar que pudiera coordinar eficazmente sus acciones. Esto cambió cuando las crecientes preocupaciones sobre las intenciones soviéticas culminaron con la detonación soviética de una bomba atómica en 1949 y con el estallido de la Guerra de Corea en 1950. El efecto sobre la Alianza fue dramático. La OTAN pronto ganó una estructura de mando consolidada con un cuartel general militar basado en el suburbio parisino de Rocquencourt, cerca de Versalles. Este era el Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas de Europa, o SHAPE, con el general estadounidense Dwight D. Eisenhower como el primer Comandante Supremo Aliado de Europa, o SACEUR. Poco después, los Aliados establecieron una secretaría civil permanente en París y nombraron al primer Secretario General de la OTAN, Lord Ismay del Reino Unido.

Con el beneficio de la ayuda y un paraguas de seguridad, la estabilidad política se restauró gradualmente en Europa Occidental y comenzó el milagro económico de la posguerra. Nuevos aliados se unieron a la Alianza: Grecia y Turquía en 1952, y Alemania Occidental en 1955. La integración política europea dio sus primeros pasos vacilantes. En reacción a la adhesión de Alemania Occidental a la OTAN, la Unión Soviética y sus estados clientes de Europa del Este formaron el Pacto de Varsovia en 1955. Europa se instaló en un difícil punto muerto, simbolizado por la construcción del Muro de Berlín en 1961.

Durante este tiempo, la OTAN adoptó la doctrina estratégica de "represalias masivas": si la Unión Soviética atacaba, la OTAN respondería con armas nucleares. El efecto pretendido de esta doctrina era disuadir a cualquiera de las partes de tomar riesgos ya que cualquier ataque, por pequeño que fuera, podría haber llevado a un intercambio nuclear completo. Simultáneamente, la "represalia masiva" permitió a los miembros de la Alianza concentrar sus energías en el crecimiento económico en lugar de mantener grandes ejércitos convencionales. La Alianza también dio sus primeros pasos hacia un papel tanto político como militar. Desde la fundación de la Alianza, los Aliados más pequeños en particular habían abogado por una mayor cooperación no militar, y la Crisis de Suez en el otoño de 1956 puso al descubierto la falta de consulta política que dividió a algunos miembros. Además, el lanzamiento del satélite Sputnik por parte de la Unión Soviética en 1956 conmocionó a los Aliados hacia una mayor cooperación científica. Un informe entregado al Consejo del Atlántico Norte por los Ministros de Relaciones Exteriores de Noruega, Italia y Canadá, los "Reyes Magos", recomendó una consulta y una cooperación científica más sólidas dentro de la Alianza, y las conclusiones del informe llevaron a: Entre otros, al establecimiento del Programa Científico de la OTAN.


OTAN & # 039s Propósito original: Doble contención de la Unión Soviética y Alemania & quotResurgente & quot

Secretario de Estado Dean G. Acheson. Fue una figura clave en la creación de la alianza del Atlántico Norte y el esfuerzo por llevar a Alemania Occidental a una comunidad de Europa Occidental. (Foto tomada en la oficina de Acheson en 1950, de la colección de la Biblioteca Harry S. Truman, número de acceso 85-63).

French le dijo a Estados Unidos que Alemania Occidental podría unirse a la OTAN siempre que no hubiera una "Wehrmacht independiente"

La inteligencia del Departamento de Estado vio a la OTAN como un "lugar" para ayudar a Alemania Occidental a "satisfacer sus aspiraciones razonables y contener cualquier potencial irrazonable"

Para mas informacion contacte:
202-994-7000 o [email protected]

El Primer Ministro y Secretario de Relaciones Exteriores francés Pierre Mendès-France, el Canciller de Alemania Occidental Konrad Adenauer, el Secretario de Relaciones Exteriores británico Anthony Eden y el Secretario de Estado John Foster Dulles en la Conferencia de París, el 23 de octubre de 1954. Después de un enconado debate en Francia y complejas negociaciones, incluidas las Nueve Power Conference, en esa fecha la República Federal de Alemania firmó el Tratado del Atlántico Norte y se convirtió en miembro de la OTAN. (Foto en el sitio web del Instituto Histórico Alemán)

Robert S. McNamara se reunió con el presidente Lyndon B. Johnson, el 27 de noviembre de 1967, cerca del final de su largo mandato como secretario de Defensa. McNamara había aconsejado a Johnson sobre la importancia del compromiso de las tropas estadounidenses con la OTAN en Europa, que creía que era importante por varias razones, entre ellas para disuadir "cualquier acuerdo bilateral de seguridad entre la República Federal de Alemania y la República Federal de Alemania", y para desalentar "el resurgimiento de Militarismo alemán ". (Foto de la Biblioteca Presidencial Lyndon B. Johnson, C7631-16)

Washington, D.C., 11 de diciembre de 2018 - En el otoño de 1966, como parte de un debate en curso sobre la presencia de tropas estadounidenses en Europa Occidental y el papel de la OTAN durante la Guerra Fría, el secretario de Defensa Robert McNamara envió un memorando esclarecedor al presidente Lyndon B. Johnson para explicar las razones políticas. por mantener tropas estadounidenses en Europa. Las razones, escribió, eran mantener la "cohesión" de la OTAN, evitar el "chantaje político" soviético, disuadir "cualquier acuerdo de seguridad bilateral soviético-RFA [República Federal de Alemania]" y desalentar "el resurgimiento del militarismo alemán, ”Según una colección de documentos previamente clasificados publicados hoy por primera vez por el Archivo de Seguridad Nacional,

En el contexto actual de las discusiones en los niveles más altos del gobierno de los EE. UU. Sobre las garantías de seguridad en Europa, el memorando de McNamara y una selección de otra documentación estadounidense desclasificada publicada hoy por el Archivo de Seguridad Nacional brindan un contexto histórico de décadas de política de EE. UU. Hacia Europa y más específicamente las funciones de la OTAN y la relación entre Alemania y la seguridad europea. Desde la formación de la alianza del Atlántico Norte en los primeros años de la Guerra Fría y la decisión de mantener a las tropas estadounidenses en Europa, los responsables políticos estadounidenses generalmente han visto esos compromisos como fundamentales para la seguridad de Estados Unidos y Europa.

Con la Segunda Guerra Mundial sólo dos décadas después, la preocupación de que una Alemania Occidental desligada de las relaciones de alianza pudiera volverse revanchista o hacer tratos con la Unión Soviética permaneció en el pensamiento de los principales políticos estadounidenses. Los documentos desclasificados en la publicación web de hoy demuestran cómo Estados Unidos y sus aliados establecieron la OTAN en parte para tranquilizar a Francia sobre Alemania. Luego, los aliados incorporaron a Alemania Occidental a la alianza como disuasión contra la Unión Soviética, pero también para asegurarse de que no desarrollara fuerzas militares independientes. Durante la década de 1960, los analistas de inteligencia del Departamento de Estado describieron ese arreglo como un medio para "contener" al estado de Alemania Occidental para que se desarrollara en asociación armoniosa con antiguos adversarios y evitara el militarismo o los acuerdos de seguridad con la Unión Soviética.

Las configuraciones de poder de hoy son diferentes: la Unión Soviética ya no existe, Alemania está unida y varios estados del antiguo Pacto de Varsovia se han unido a la OTAN. Pocos ven a Alemania como un agresor potencial, aunque es común la inquietud por el poder económico alemán. En resumen, la vieja formulación atribuida al primer secretario general de la OTAN, Lord Ismay, está sustancialmente desactualizada: "Mantenga a la Unión Soviética fuera, a los estadounidenses dentro y a los alemanes abajo".

Sin embargo, la situación internacional recuerda de alguna manera a los años de la Guerra Fría, con las relaciones entre Estados Unidos y Rusia tensas y Moscú hostil a la OTAN. Con el nacionalismo de derecha y el sentimiento antiinmigrante atrayendo un mayor apoyo, han surgido nuevos elementos de inestabilidad en Europa Occidental. Si las presiones políticas externas se intensifican, la preocupación de Europa occidental sobre las garantías de seguridad de Estados Unidos podría llevar a los miembros europeos de la OTAN a explorar otras opciones, incluido un papel relativo más amplio para ellos mismos.

Orígenes de la doble contención

La violación criminal sin precedentes de la Alemania nazi de las normas internacionales a partir de la década de 1930 llevó a los miembros de la Gran Alianza a imponer restricciones que "retrasarían de forma permanente y preventiva un tercer esfuerzo para lograr la hegemonía europea". Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, la política estadounidense, británica, francesa y soviética tuvo como objetivo desmilitarizar a Alemania para siempre. En el contexto de las tensiones emergentes de la Guerra Fría, los estados de Europa Occidental firmaron el Tratado de Bruselas, en parte para restringir el poder alemán. Washington y sus aliados europeos también negociaron el Tratado del Atlántico Norte para ofrecer garantías de seguridad contra una posible agresión no solo de la Unión Soviética sino también del revanchismo alemán. Para asegurar la asistencia alemana para la recuperación de Europa Occidental, Estados Unidos y sus aliados ayudaron a crear un estado de Alemania Occidental organizado sobre una base políticamente descentralizada. El bloqueo soviético de Berlín Occidental durante 1948-1949 no pudo evitar la creación de la República Federal de Alemania en 1949. [1]

En lo que respecta a la política estadounidense, la alianza de la OTAN que se desarrolló durante la Guerra Fría fue en parte un medio para integrar a Alemania en Occidente para que nunca más pudiera convertirse en una potencia independiente amenazante, y mucho menos en una potencia neutral que pudiera enfrentar a Oriente contra Occidente. Occidente o desarrollar una entente con Rusia. También operando como un "poder compensatorio" o una restricción tácita al ejercicio del poder alemán estaba la presencia de tropas estadounidenses, británicas y francesas en Alemania Occidental y fuerzas soviéticas en Alemania Oriental. [2]

El objetivo de la desmilitarización se desvaneció cuando las tensiones de la Guerra Fría se intensificaron durante la Guerra de Corea. Washington buscó una contribución militar de Alemania Occidental a la OTAN, pero bajo arreglos que evitarían que el nuevo estado de Alemania Occidental tuviera poder militar autónomo. Una propuesta para hacerlo, la propuesta Comunidad Europea de Defensa, fracasó, pero Estados Unidos y sus aliados acordaron rápidamente un plan apoyado por británicos y franceses: la admisión de Alemania Occidental en la OTAN en condiciones controladas.

Así, como resultado de las decisiones tomadas por la Conferencia de las Nueve Potencias en septiembre de 1954, Alemania Occidental se unió a la alianza en 1955 con sus fuerzas armadas bajo la autoridad del Comandante Supremo Aliado de Europa de la OTAN (SACEUR). El mismo arreglo se aplicó a otros miembros europeos continentales de la OTAN, pero los británicos y franceses lo apoyaron específicamente para restringir al ejército de Alemania Occidental. Además, como un paso hacia la adhesión a la OTAN, el canciller Konrad Adenauer renunció a la producción de armas atómicas, biológicas y químicas de Alemania Occidental. Para monitorear la producción militar, el acuerdo de las Nueve Potencias creó una agencia especial de control de armas dentro de la Unión Europea Occidental. [3]

El apoyo francés para incorporar a Alemania Occidental a la OTAN dependía en parte de los compromisos británicos y estadounidenses de mantener tropas en Europa Occidental. Tanto Washington como Londres hicieron tales garantías durante la Conferencia de las Nueve Potencias, y Eisenhower más tarde anunció un virtualmente ilimitado [4].

Como implica el uso irónico de Hanrieder de "abrazo", las tensiones y sospechas entre Washington y Bonn rara vez estaban lejos de la superficie. Por lo tanto, durante la década de 1960, las relaciones entre Estados Unidos y Alemania Occidental se tensaron por los pagos de compensación que respaldaban el costo del despliegue de tropas estadounidenses y cuando Washington buscó el apoyo de Bonn para el Tratado de No Proliferación Nuclear. Después de que Richard Nixon asumiera la presidencia en 1969, él y su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, sospechaban profundamente que la Ostpolitik del canciller Willy Brandt pudiera terminar acercando a Alemania Occidental al bloque soviético. Más tarde, en la década de 1970, las aprensiones de Alemania Occidental sobre la dirección de la política nuclear de Estados Unidos tuvieron un impacto importante en el apoyo de la administración Carter a los despliegues de Pershing II y misiles de crucero lanzados desde tierra en la Europa de la OTAN. Y durante la crisis de los euromisiles de finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, amplias franjas de opinión de Alemania Occidental temían que Washington pudiera lanzar una guerra nuclear que podría destruir la República Federal. [5]

Cuando terminó la Guerra Fría y se logró la unificación alemana en 1990, las limitaciones desarrolladas por la Conferencia de las Nueve Potencias permanecieron en su lugar. Sin controles sobre las fuerzas armadas alemanas, la Unión Soviética no habría aceptado la opción unificada de Alemania de unirse a la OTAN. El Tratado de dos más cuatro sobre el arreglo definitivo con respecto a Alemania, firmado el 12 de septiembre de 1990, incluía limitaciones inherentes al poder alemán. Específicamente, el artículo 3, sección 2, establece un límite a los niveles de las fuerzas armadas alemanas. Además, el Tratado continuó las limitaciones de control de armas del acuerdo de las Nueve Potencias al prohibir la fabricación alemana de armas ABC, pero también su "posesión y control". Si bien no se menciona en el Tratado, los controles de SACEUR sobre las fuerzas de la OTAN desplegadas en el continente se aplicaron a una Alemania unificada como lo hicieron con Alemania Occidental. [6]

Ante la insistencia francesa, el acuerdo sobre la unificación alemana también implicó la profundización de la integración europea para unir a la república de Berlín en las instituciones europeas. El canciller alemán Helmut Kohl estuvo de acuerdo de inmediato, pero también trató de asegurarse de que los nuevos acuerdos se ajustaran a la política financiera alemana. Por lo tanto, Kohl desempeñó un papel central en la negociación de 1992 del Tratado de Maastricht que creó la Política Exterior y de Seguridad Común y la Unión Monetaria Europea y, en última instancia, el Euro. Otro paso hacia la integración fue la creación del Eurocuerpo, inicialmente basado en una brigada franco-alemana. Esto implicó tensiones con Washington, que lo vio como una amenaza potencial para el papel central de la OTAN para la seguridad europea, pero los franceses y los alemanes mitigaron el problema al acordar que en caso de una guerra el Eurocuerpo reportaría a SACEUR. [7]

Cepas contemporáneas en la OTAN y Europa

Casi 30 años desde Two Plus Four, los acuerdos multinacionales creados después de la Segunda Guerra Mundial están en apuros. Graves fallas estructurales en la política financiera de la Unión Europea han debilitado el apoyo público a la UE. Las fuerzas nacionalistas de derecha han logrado avances políticos al atacar a la UE y a los inmigrantes. Brexit es un ejemplo, otro es la Alternativa para Alemania, que minimiza los horrores de la década de 1930 y la Segunda Guerra Mundial, y algunos miembros niegan el Holocausto.


Alemania Occidental se une a la OTAN - HISTORIA

Nota del editor:

Cuando la Unión Soviética se disolvió y se convirtió en la Federación de Rusia a fines de 1991, la Guerra Fría llegó a su fin. Muchos se preguntaron si la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la OTAN tenían algún propósito en un mundo posterior a la Guerra Fría. Sin embargo, la OTAN no solo continúa hoy, sino que se está expandiendo. Como nos recuerda el historiador Mark Rice, la misión de la OTAN y rsquos ha sido desde el principio tanto política como militar. 25 años después, con el líder ruso Vladimir Putin adoptando una actitud cada vez más agresiva hacia Occidente, ¿son ambos roles tan urgentes como siempre?

Consulte un plan de lecciones basado en este artículo: Twitter Guerra Fría

Al leer los titulares de las últimas semanas y meses, parece un déjà vu de nuevo.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) anuncia planes para expandir su presencia militar en Europa central y oriental. El ejército de los Estados Unidos comienza a prepararse nuevamente para la guerra contra Rusia, revelando planes para cuadriplicar el gasto militar en la región y desplegar más armas pesadas, vehículos blindados y otros equipos.

Turquía, miembro de la OTAN, derriba un avión de combate ruso Su-24. Los aviones de combate rusos vuelan a través del Canal de la Mancha. Rusia transfiere nuevos misiles a Kaliningrado. Los países de la OTAN colocan nuevas fuerzas aéreas en los estados bálticos.

Y la caída del presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich (abajo, izquierda) en 2014 y el estallido de los combates en el este de Ucrania entre las fuerzas ucranianas y los separatistas rusos provocan un rápido aumento de las tensiones entre Rusia y la OTAN.

Muchos observadores han notado un retorno a algunas de las condiciones de la Guerra Fría que definieron la política internacional entre 1945 y 1991. Algunos incluso han proclamado el inicio de una nuevo Guerra Fría entre Oriente y Occidente. Algunos creen que las nuevas tensiones pueden llevar más allá de una nueva Guerra Fría, a una nueva guerra mundial.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg (arriba, derecha), describió la expansión propuesta de las fuerzas de la OTAN en Europa como “multinacional, para dejar en claro que un ataque contra un aliado es un ataque contra todos los aliados, y que la alianza en su conjunto responderá . "

La culpa de estas tensiones es difícil de atribuir. Algunos señalan a Rusia por reaccionar a la caída de su aliado Yanukovich en Ucrania provocando una guerra civil en el este de Ucrania, diseñada para debilitar al nuevo gobierno de tendencia occidental de Petro Poroshenko (abajo, izquierda) y llevar a Ucrania de nuevo firmemente a la órbita rusa. .

Otros culpan a Estados Unidos y a la OTAN por desencadenar el levantamiento popular en Ucrania que derrocó a Yanukovich, socavando así a Rusia y a su presidente, Vladimir Putin (abajo, derecha).

Cada parte considera cada vez más las acciones de la otra como provocativas y peligrosas, amplificando la sensación de tensión y competencia en toda Europa y fortaleciendo la sensación de conflicto inminente entre Rusia y la OTAN.

Ciertamente, hay evidencia que respalda ambas perspectivas.

A medida que Rusia ha emergido del caos y los problemas económicos que caracterizaron los años iniciales después de la caída de la Unión Soviética, se ha vuelto más asertiva en sus fronteras y menos dispuesta a cooperar con otros estados europeos. Bajo Putin, el estado ruso se ha vuelto más centralizado y autocrático. La disensión, incluida la oposición a la política exterior del país, ha sido reprimida.

Sin embargo, al mismo tiempo, Estados Unidos y Europa han avanzado más hacia el este, hacia las fronteras de Rusia, principalmente a través de las instituciones de la OTAN y la Unión Europea. Han movido su esfera de influencia hacia el este a pesar de las objeciones rusas, lo que ha provocado temores de larga data de Rusia de invadir su esfera de influencia tradicional.

La propia OTAN se ha mostrado más dispuesta a asumir un papel activo en áreas fuera de su ámbito normal, pasando de un elemento de disuasión que protege a Europa Occidental a operaciones en los Balcanes y Afganistán.

Sin embargo, una mirada a la historia de la OTAN muestra que desde sus orígenes en 1949, la alianza a menudo ha cambiado su misión, su estrategia e incluso su ámbito geográfico de membresía y actividad. Estos cambios han sido principalmente adaptaciones a cambios internos o externos en el entorno operativo de la OTAN. El cambio más dramático se produjo al final de la Guerra Fría, cuando la alianza descubrió que necesitaba justificar su existencia después del colapso de la Unión Soviética.

A partir de la formación de la propia OTAN, los cambios a menudo fueron impulsados ​​por factores políticos más que militares o estratégicos. La alianza siempre ha tenido que vigilar su cohesión política interna, para asegurarse de que habla con una sola voz en la medida de lo posible.

Si bien puede parecer que la expansión de la OTAN y las nuevas misiones después de la Guerra Fría fueron diseñadas para proporcionar una ventaja militar o estratégica sobre su antiguo adversario ruso, a menudo fueron impulsadas más por un deseo dentro de la alianza de solidificarse políticamente, mientras que al mismo tiempo tratando de evitar alterar el equilibrio político mundial.

Las raíces de la OTAN

La OTAN se fundó en los primeros años de la Guerra Fría, cuando se rompieron las relaciones entre los antiguos aliados de la Segunda Guerra Mundial (la Unión Soviética, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos). Los desacuerdos sobre el futuro de Alemania, la creciente división de Europa y la creciente competencia ideológica crearon una relación de confrontación entre los soviéticos y los aliados occidentales.

Cuando los soviéticos obtuvieron el control sobre los países de Europa del Este que ocuparon durante la guerra, los aliados occidentales reaccionaron uniendo más estrechamente a Europa Occidental, incluida la parte occidental de Alemania. Pero la situación política y económica en Europa Occidental seguía siendo inestable y algunos temían que los gobiernos dirigidos por los comunistas pudieran tomar el poder en países como Italia y Francia.

Estos temores llevaron a los líderes de los países occidentales, incluido Estados Unidos, a buscar nuevas formas de fortalecer los gobiernos anticomunistas. Gran parte de este apoyo fue económico, a través del Plan Marshall para la reconstrucción europea.

Parte del apoyo fue militar, como prometía la llamada Doctrina Truman. El presidente Harry Truman expresó esta posición a la nación al anunciar la asistencia militar estadounidense a los gobiernos griego y turco que luchan contra las guerrillas apoyadas por los comunistas.

Pero la amenaza permaneció. En febrero de 1948, cuando los comunistas en Checoslovaquia dieron un golpe de estado y expulsaron a los no comunistas del gobierno, parecía que la continua inestabilidad en Europa podría facilitar la expansión del comunismo soviético.

A raíz del golpe de Checoslovaquia, los líderes de Europa Occidental comenzaron a buscar formas de solidificar la región contra esta amenaza comunista. En marzo de 1948, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo firmaron un tratado de defensa mutua, más tarde conocido como Unión Europea Occidental.

Todos estos países reconocieron que eran demasiado débiles como para defenderse unos de otros contra amenazas externas, en particular la Unión Soviética, y se dieron cuenta de que el único país capaz de proporcionar tal defensa era Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de la extensión de la participación estadounidense a través del Plan Marshall y la asistencia militar prometida por la Doctrina Truman, todavía no estaba claro qué papel querían desempeñar los estadounidenses en la Europa de posguerra.

Los líderes estadounidenses reconocieron que, si bien la asistencia económica y militar era vital para la reconstrucción y estabilización de la Europa de la posguerra, la situación política general aún era incierta y los europeos necesitaban más que ayuda militar para garantizar la seguridad.

A medida que la sensación de crisis se intensificó después del golpe de Checoslovaquia y el posterior bloqueo de Berlín en 1948-1949, el gobierno de los Estados Unidos inició conversaciones con los miembros de la Unión Europea Occidental, junto con Canadá, para dar forma a una estructura de tratado más amplia que involucraría a los Estados Unidos en el proceso. defensa de Europa Occidental.

Las implicaciones de tal tratado fueron significativas. Sería la primera alianza estadounidense en tiempos de paz con estados europeos desde los años inmediatamente posteriores a la Revolución estadounidense, y entregaría el poder militar, económico y político estadounidense a Europa. Esta garantía enviaría una fuerte señal al público europeo de que Estados Unidos estaba comprometido a garantizar la estabilidad de Europa Occidental, evitando así que otros gobiernos apaciguaran potencialmente a los soviéticos y cayeran bajo su influencia.

El Tratado de Washington de abril de 1949 unió a Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Portugal, Noruega, Dinamarca e Islandia en la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

El Tratado reconoció el papel político de esta nueva alianza. Sus disposiciones militares clave se encontraban en el artículo III y el artículo V. El primero pedía una estrecha coordinación militar entre los signatarios del tratado, y el segundo declaró que un ataque contra un aliado era un ataque contra todos ellos.

De igual importancia, el tratado incluyó el artículo II, que pedía "un mayor desarrollo de las relaciones internacionales pacíficas y amistosas mediante el fortalecimiento de sus instituciones libres, logrando una mejor comprensión de los principios sobre los que se basan estas instituciones y promoviendo las condiciones de estabilidad y bienestar ".

Impulsado por la delegación canadiense, el artículo II fue diseñado para demostrar que la OTAN iba a ser más que una alianza estrictamente militar y buscaba objetivos políticos más amplios para sus miembros.

La OTAN como institución de la Guerra Fría

En sus primeros meses, este papel político parecía ser más importante que el aspecto militar de la nueva alianza. Los limitados presupuestos de defensa a ambos lados del Atlántico, una menor sensación de urgencia después del fin del bloqueo de Berlín y la incertidumbre con respecto al papel más importante de la alianza crearon una sensación de estancamiento.

Fue solo después del estallido de la Guerra de Corea en junio de 1950, y el temor resultante de que el comunismo soviético se volviera más agresivo, que los aliados comenzaron a organizar sus ejércitos bajo una nueva organización de defensa, con una estructura de mando y unidades asignadas permanentemente. Estos incluían fuerzas estadounidenses estacionadas en Alemania Occidental.

Significativamente, la OTAN comparó estos desarrollos militares con los políticos. La nueva organización del tratado también incluyó al nuevo Consejo del Atlántico Norte, con representantes permanentes a nivel de embajadores y presidido por un Secretario General permanente con un personal dedicado, para coordinar las posiciones políticas de la alianza.

Durante el resto de la Guerra Fría, la estructura y el papel de la OTAN se mantuvieron prácticamente iguales, incluso aunque el entorno a su alrededor cambió.

En particular, la Unión Soviética reunió a sus aliados de Europa del Este en una organización rival, el Pacto de Varsovia, en 1955. Durante el resto de la Guerra Fría, hasta la disolución del Pacto de Varsovia en 1991, los dos bloques se enfrentaron en un enfrentamiento nuclear.

Los principales cambios que experimentó la OTAN durante estas décadas fueron las veces que expandió su membresía, agregando a Grecia y Turquía a su flanco sureste en 1952, Alemania Occidental en 1955 y España en 1982. Si bien las expansiones de Alemania Occidental y España fueron militarmente útiles, también sirvieron para importantes propósitos políticos.

A lo largo de la década de 1950, los planes presentados para eliminar a Alemania como una amenaza para la paz convirtiéndolo en un país neutral y en gran parte desarmado plantearon las preocupaciones de inestabilidad en Europa central que podría arrastrar una vez más al continente a la guerra. Dado el tamaño y el potencial económico de Alemania en el corazón de Europa, estos planes de neutralización crearon la posibilidad de un vacío de poder que uno u otro lado podría intentar llenar.

La incorporación de Alemania Occidental a la OTAN anticipó esa posibilidad, legitimó la nueva República Federal y dio a los alemanes occidentales la seguridad de que sus nuevos aliados no los abandonarían en caso de agresión soviética. Del mismo modo, la adhesión de España tras el fin de la dictadura de Franco a finales de la década de 1970 legitimó la naciente democracia española.

By the time the Berlin Wall fell in 1989 and the Soviet Union collapsed two years later, NATO, created as part of the Cold War, had become central to European security. Yet the end of the Cold War raised questions about the alliance’s future, since its prime function, defending Western Europe against the Soviet Union and its Eastern European allies, no longer seemed necessary.

There were calls for NATO to disband and turn over its security position to the United Nations or new organizations like the Organization for Security and Co-Operation in Europe (OSCE). Despite changed geopolitical circumstances, most nations in Europe, both those inside and outside of NATO and including many former Warsaw Pact countries, continued to see the alliance as the preeminent source of stability and security on the continent.

While post-Soviet Russia appeared weak, none of its former allies wished to return to the position of client to their eastern neighbor, should Russian power and aggression revive. As a result, NATO not only remained in place, but also grew to include new members.

NATO in a New World

NATO faced its first post-Cold War challenge immediately after the Berlin Wall came down in November 1989. As East Germany collapsed into disorganization, it became increasingly clear that the only way to stabilize the state was for West Germany to absorb the former communist territory.

One of the main sticking points of re-unification, however, was that if East Germany joined the Federal Republic it would become a part of NATO. The Soviet Union objected. In the initial meetings after the fall of the Berlin Wall, American leaders sought to appease Soviet concerns, offering to assure them that NATO forces would not expand eastward in Germany. These early offerings helped smooth the negotiations towards the reunification of Germany a year later.

However, American and West German officials soon realized it would not be possible for Germany to reunify without East German territory becoming a part of NATO. Without NATO being able to operate in the east, that territory would be difficult to defend, and East German citizens would not accept less protection than their new German compatriots in the west received. Thus, the American position in the negotiation changed at a very early point, from assurances that NATO forces would not expand eastward in Germany, to requiring that East Germany be allowed to join NATO with few, if any, limitations.

Even though they were at first opposed to these terms, Soviet and East German officials did accept them. They realized that, as the situation in East Germany deteriorated and East German citizens expressed the desire to join West Germany, and by extension to join NATO, it would be better to negotiate concessions for the USSR than to lose East Germany totally.

Thus, the final agreements, both bilateral between East and West Germany and multilateral between the other actors, recognized that the territory of East Germany would become a part of NATO. In return, the West agreed to a lenient timeline for the removal of Soviet forces and provided billions of dollars in aid to help redeploy and resettle these troops in Russia.

Perhaps more importantly, the final agreements also recognized that all of the states of Europe were free to choose which alliance, if any, to join. This principle was first expressed in the Helsinki Final Act of 1975, which stated that the signatory states “have the right to belong or not to belong to international organizations, to be or not to be a party to bilateral or multilateral treaties including the right to be or not to be a party to treaties of alliance they also have the right to neutrality.”

The popularity of NATO membership became clear a few years later, when the former Warsaw Pact countries of Poland, the Czech Republic, and Hungary began pressing the United States and NATO for inclusion. These states were struggling with the transition from communism to democracy, and saw NATO as a means to strengthen themselves politically and militarily, allowing room for economic development that would provide new prosperity and the possibility to join the burgeoning European Union. They also saw NATO as a means to provide themselves with additional security from possible Russian aggression.

It bears repeating that as NATO was trying to redefine itself in the post-Cold War environment, it was not looking to expand. Many of the original allies, including Britain and France, did not think expansion provided any advantage, views echoed by the American military.

But many American and Western officials, including President Bill Clinton (below, left), came to see NATO enlargement as a useful means for ensuring political stability in an increasingly unstable Europe.

/>

In the words of senior State Department official Strobe Talbott (above, right) in 2000: “we said that [freezing NATO in its Cold War membership] would mean perpetuating the Iron Curtain as a permanent fixture on the geopolitical landscape and locking newly liberated and democratic states out of the security that the Alliance affords. So instead, we chose to bring in new members while trying to make a real post-Cold War mission for NATO in partnership with Russia.”

For supporters of expansion, a larger NATO would provide security to democratizing countries, solidifying their transitions from communism and opening new economic prosperity through greater connections with the European Union, including potentially membership there. Critics of enlargement argued that the new members would not offer NATO much military or strategic benefit, and that those countries would be better served through other organizations, including the OSCE and EU.

NATO began evaluating candidates for military and political readiness. In addition to having significant military forces to contribute to NATO’s collective defense mission, NATO leaders looked for civilian control of the military, stable domestic political processes, and peaceful resolution of ethnic and national disputes.

In 1999, NATO judged that Poland, Hungary, and the Czech Republic met these criteria, but found that other countries like Slovakia needed more time to adjust their domestic politics to more liberal democratic norms.


Timeline of key events in NATO's 59-year history

(Reuters) - The largest summit in NATO’s history starting on Wednesday could mould the West’s relations with Russia for years to come, and show whether the U.S.-led alliance has the resolve to win the war in Afghanistan.

The three-day meeting in Bucharest offers U.S. President George W. Bush and Russia’s Vladimir Putin the chance to burnish the legacies they leave on the world stage as each prepares to leave office.

Here are some key dates in the Western military organization’s 59-year history:

April 4, 1949 - U.S., Canada and 10 West European states sign the Washington Treaty to create the North Atlantic Treaty Organization. Article 5 states: “The parties agree that an armed attack against one or more of them in Europe or North America shall be considered an attack against them all. "

May 6, 1955 - West Germany joins NATO, prompting the Soviet Union eight days later to gather eight east European nations into the Warsaw Pact coalition.

March 10, 1966 - President Charles de Gaulle pulls France out of NATO’s integrated military structure. NATO headquarters moves from Paris to Brussels the following year. France subsequently rejoins NATO’s military command in 1993.

Dec 9-10, 1976 - NATO rejects Warsaw Pact proposals to renounce first use of nuclear arms and restrict membership.

Nov 19, 1990 - With the Cold War over, NATO and the Warsaw Pact issue a joint non-aggression declaration. Eight months later, the Warsaw Treaty Organization is officially disbanded.

Dec 16, 1995 - NATO launches largest military operation to date, in support of the Bosnian peace agreement.

March 24, 1999 - NATO begins air strikes against Yugoslavia over Kosovo, the first time it has used force against a sovereign state without U.N. approval.

Sept 12, 2001 - NATO invokes Article 5 for first time after the 9/11 attacks on United States, later deploying Airborne Warning and Control Systems aircraft to United States.

Aug 11, 2003 - NATO takes command of Kabul-based peacekeeping in Afghanistan, its first deployment outside Europe or North America, and one that will see its forces engage in their bloodiest ground combat.

April 2, 2004 - NATO expands to 26 members when former communist states Bulgaria, Estonia, Latvia, Lithuania, Romania, Slovakia and Slovenia join, five years after the entry of Czech Republic, Hungary and Poland.

Dec 8, 2005 - NATO foreign ministers approve a plan to expand the alliance’s peacekeeping force in Afghanistan.

July 31, 2006 - NATO forces take over security from the U.S.-led coalition in southern Afghanistan, embarking on one of the alliance’s toughest ground operations in its history.

June 25, 2007 - NATO secretary-general Jaap de Hoop Scheffer mounts a stout defense of U.S. missile shield plan in eastern Europe ahead of a meeting with Russian President Vladimir Putin, who sees the plan as a threat to Russia.

April 2-4, 2008 - Croatia, Macedonia and Albania hope to be invited to join the Western alliance at the summit of NATO’s 26 leaders in Romania’s capital, Bucharest.

Writing by David Cutler, London Editorial Reference Unit Editing by Jon Boyle


SPAIN ENTERS NATO AS FIRST COUNTRY TO JOIN SINCE 1955

Spain, depositing an instrument of ratification with the State Department, formally became the 16th member of the North Atlantic Treaty Organization today.

The action completed the acceptance of Spain by the other 15 nations in the defense alliance and cleared the way for Prime Minister Leopoldo Calvo Sotelo to attend a meeting in Bonn next week as a full NATO government leader.

At that time there will be a flag-raising ceremony and other observances to mark Spain's becoming the first new member of NATO since West Germany joined in 1955. Application Procedure

The NATO secretariat notified the Spanish Government Saturday that its membership application had been processed by the pact's 15 members.

In accordance with NATO's treaty procedures, the final step in a country's entry into the alliance occurs when its instrument of ratification is deposited with United States officials in Washington.

In the brief ceremony today, the Spanish charge d�ires in Washington, Alonso Alvarez de Toledo, left the document with Deputy Secretary of State Walter J. Stoessel Jr. Conventional Forces

In a communique issued May 18 at the end of its meeting of foreign ministers in Luxembourg, NATO welcomed the impending membership of Spain, saying it offered fresh evidence of the organization's 'ɾnduring vitality.''

Earlier, Defense Minister Alberto Oliart of Spain had emphasized that his country's military contribution to NATO would be in conventional forces, an element, he said, in which the alliance was weakest.

In joining NATO, Spain will make available to the military command an additional 340,000 troops, more than 190 war planes, 8 submarines and 29 warships.

Spain, like two other NATO members, Norway and Denmark, would not allow nuclear weapons to be used from or stored in its territory, he said. No Formal U.S. Comment

There was no formal comment during today's action, but last week, during a briefing on President Reagan's European trip that begins Wednesday, a State Department official said Spain's membership would ''materially, morally and strategically strengthen'' NATO.

The reasons for Spain's late entry into NATO involved its severe domestic problems, including Basque separatism and a powerful military group opposed to an alliance that could make Spain a target of reprisals. Some NATO members resisted Spain's integration on the ground that Spain was neither economically nor politically in tune with the major Western powers. After the death of Francisco Franco there was an increasing feeling both on the part of the new democratic regime and of the Western powers that the best interests of both Spain and Western Europe lay in bringing Spain into the European mainstream. King Reviews Troops

In Spain today, that country's formal entry into the defense alliance coincided with ceremonies ending a traditional week of homage to the Spanish armed forces.

In Saragossa, site of Spain's top military academy, King Juan Carlos presided over a parade by nearly 10,000 Spanish troops, including armored and heavy artillery units and members of that country's elite foreign legion.

Spain's membership in NATO was particularly welcomed at this time after Greece's refusal to share in a joint NATO command that would cover defense of Greece and Turkey.

Greece left NATO's military command in 1974 after Turkey, also a member, invaded Cyprus. The Greeks returned in late 1980 but have since complained that they still did not have sufficient NATO guarantees against potential Turkish attacks. Invited to Join in 1981

Formal invitation for Spain to join NATO was issued on Dec. 10, 1981. At that time, Joseph M.A.H. Luns, the NATO Secretary General, declared the move was one of the most significant events in the life of the alliance.

Last October, during a visit to Washington, King Juan Carlos sought United States support for Spain's membership in NATO and was assured by President Reagan that this would be given.

But NATO membership became a political issue in Spain, where both the Spanish Socialist and Communist parties opposed it. They contended that Spain had never been a member of a military bloc and belonging to NATO would not enhance that country's security. ---- Spain Criticizes Britain

MADRID, May 30 (UPI) - Spain entered NATO today in a move that formalized its ties with the West, but its Defense Minister immediately criticized Britain, a new ally, for using force to reclaim the Falkland Islands.

Defense Minister Oliart accused Britain of committing a ''historic error'' by using force to retake the Falkland Islands from Argentina. Spain, the only West European country to openly side with Argentina, has blamed Britain for the escalating bloodshed. However, it also condemned Argentina's April 2 invasion of the South Atlantic islands.

Besides its cultural ties to Latin America, Spain has a long dispute over the British crown colony of Gibraltar that makes the outcome of the Falkland conflict especially significant for Spain.Spain has made many of the same legal arguments as Argentina to support its claim to Gibraltar.

The outbreak of war in the South Atlantic set back talks scheduled for April 20 between London and Madrid on the future of Gibraltar. The talks were postponed until June 25 but may be further delayed if fighting continues.


WI Turkish NATO divisions stationed in West Germany?

Well could such divisions be used more in support roles like engineering and logistics?

This could free up more soldiers from other NATO partners including West Germany itself to act in front line defence duties

Freivolk

Well could such divisions be used more in support roles like engineering and logistics?

This could free up more soldiers from other NATO partners including West Germany itself to act in front line defence duties

Sport25ing

Father Maryland

Sport25ing

Lordroel

Well could such divisions be used more in support roles like engineering and logistics?

This could free up more soldiers from other NATO partners including West Germany itself to act in front line defence duties

Yulzari

Father Maryland

Aren't the Turkish divisions kind of needed in Turkey to guard NATOs southern flank?

How well equipped and trained was the Turkish army at the time. Did they have specific divisions in mind.

Blue cat

Lordroel

Blue cat

Sure why not, but if in turn NATO ends up having to send reinforcements to Turkey then having Turkey deploying forces to West Germany (along with setting up and sustaining the necessary logistical network to support them) seems a bit inefficient. IMHO the ACE mobile force and similar formations likely provided enough opportunity for the various NATO nations to be seen to be jointly co operating on various defense issues.

IMHO this type of long distance deployment is something that wealthy nations without a serious threat to their own land borders could entertain. (ie. the US, UK and Canada seem the prime NATO examples.) IMHO most of the other deployments to West Germany likely made a great deal of sense from a national defense perspective for the nations involved (ie. It probably would have been a bit silly for Belgium for example to only deploy their army within Belgium during the cold war.

All that being said I suspect if there had been a political need and desire for such a deployment then Turkey and West Germany could have made the needed arrangements.

Freivolk

Sure why not, but if in turn NATO ends up having to send reinforcements to Turkey then having Turkey deploying forces to West Germany (along with setting up and sustaining the necessary logistical network to support them) seems a bit inefficient. IMHO the ACE mobile force and similar formations likely provided enough opportunity for the various NATO nations to be seen to be jointly co operating on various defense issues.

IMHO this type of long distance deployment is something that wealthy nations without a serious threat to their own land borders could entertain. (ie. the US, UK and Canada seem the prime NATO examples.) IMHO most of the other deployments to West Germany likely made a great deal of sense from a national defense perspective for the nations involved (ie. It probably would have been a bit silly for Belgium for example to only deploy their army within Belgium during the cold war.

All that being said I suspect if there had been a political need and desire for such a deployment then Turkey and West Germany could have made the needed arrangements.


A history of NATO: ‘Keep the Russians out, the Americans in, and the Germans down’

‘Keep the Russians out, the Americans in, and the Germans down.’ Those were the words of NATO’s first Secretary General, Lord Ismay, when explaining the aims behind the new military alliance (as it was then). Simple rhetoric it may well be, but Ismay’s words seem to be of haunting significance in the world we inhabit more than half a century later.

As NATO further escalates tensions with Russia, sending more troops to Eastern Europe and raising the spectre of a no-fly-zone in Syria, Ismay’s words seem clearer and more deliberate, particularly when you factor in the likely election of Hilary Clinton, seemingly fixated on all-out war with Putin. However, before we can really explain here and now, we must first understand NATO’s history.

The initial beginnings of what we now refer to as NATO can be traced back to the Treaty of Brussels of 1948 where four of Europe’s foremost colonial powers, Belgium, France, the Netherlands and the UK, agreed upon a mutual defence clause. We think of NATO as intrinsically U.S.-led but this early ancestor of the treaty was notable for its absence of the U.S.. These European powers would soon form the Western European Defence Organisation, a loose military organisation that goes further in resembling NATO as it has become.

However, economically and military ravaged by the Second World War, these European powers soon became convinced that it was essential that they got the United States on board to provide protection and clout.This further shows that contrary to the NATO of today, it was the European nations that were desperate to bring in the U.S., not vice versa. An agreement with the U.S. was quickly formulated and the North Atlantic Treaty was signed in April 1949.

As well as adding the U.S., this treaty added Canada, Portugal, Italy, Norway, Denmark and Iceland. While the signature of this agreement was popular amongst the populations of many of the signatories, riots broke out outside the Iceland parliament, with the Icelandic population keen to maintain a policy of neutrality.

NATO expansion over the decades

Many of the articles of the North Atlantic Treaty are relatively well known, however, there has been much in the way of misinformation. The articles can be largely boiled down to three significant ones. Firstly, Article 1 denotes that the Treaty organisation aims to solve international disputes peacefully, an interesting development given the aggressive organisation that NATO was to become. Article 4 asserts that the organisation must provide consultation if the territorial integrity, political independence or security of a member nation is threatened. While this article is less well known than its successor, it has been invoked three times by Turkey alone. Article 5, by far the most famous, commits each signatory to consider an armed attack on one member as an attack on all members. This stipulation was of course controversially invoked by the U.S. in the immediate aftermath of 9/11.

The internal structures of NATO have largely remained the same since its inception, with the majority of the organisation’s power running through two positions. The first of these of positions is that of Secretary General (where our old friend Lord Ismay comes in). This position is currently filled by former Norwegian Prime Minister, Jens Stoltenburg and is very much the diplomatic arm of the organisation. This position has always been filled by a European and it is clear that this is by design. The powers behind NATO are aware of the ‘interfering American’ reputation and thus have always felt that a European is best placed to achieve NATO’s diplomatic aims.

The second position is that of Supreme Allied Commander Europe. Interestingly, this position is always filled by an American and, again, this is fundamentally by design. Not only is the person in this position, currently Curtis Scaparroti, in charge of NATO’s forces, he is also commander of U.S. forces in Europe. This may seem like a technicality, but in practice it means that Scaparotti is simultaneously directly answerable to both NATO’s Secretary General and also the U.S. president, just illustrating the power the U.S. has at the heart of the organisation.

It was the Korean War that would come to impress upon the U.S. the potential strength of utilising the military alliance. In the eyes of the U.S. administration, the fact that the North Korean effort was being aided by both China and the Soviet Union raised the threat of communist countries working together against U.S. interests. Alarmed by this scenario, a newly convinced U.S. led NATO to developing their first substantial military plans.

Despite growing tensions between the West and the Soviet Union, the latter actually suggested it join NATO in 1954, only to be rejected by the organisation’s signatories. While you’d be right in thinking there was a chasm between west and east, this in fact shows that the Soviet Union was at least prepared for political dialogue, but its rivals weren’t.

Not just content with quashing the Soviet Union’s suggestion, NATO would approve the MC48 document in December 1954, a further escalation in tensions. The document asserted that the NATO allies would have to use atomic weapons in a war with the Soviet Union, even if the latter had no intention of using them first. This may not be a surprise but it is important to stress the last clause of that document’s message. The fact that NATO allies were willing to use atomic weapons to annihilate a rival country even if that country was not willing to use them themselves, just illustrates how an alliance formed under the guise of preserving peace was instead pursuing a dangerous policy of aggression and hostility.

The following summer, West Germany joined the alliance, allowing NATO to utilise its significant manpower and to push the organisation’s border right up against the East. The Kremlin responded by initiating the Warsaw Pact, an alliance between the Soviet Union, Hungary, Czechoslovakia, Poland, Bulgaria, Romania, Albania, and East Germany, defining the two sides of the Cold War for the first time.

As both sides built up their nuclear arsenal in the decades that followed, the spectre of nuclear war haunted the continent and despite France withdrawing from NATO’s military front, the organisation continued to expand its influence and its weapon capabilities.

When the Berlin Wall fell and the Soviet Union collapsed, NATO was keen to assert its validation for its policy of aggression and hostility. It soon made a deal with the last Soviet premier, Mikhail Gorbachev to bring the newly unified Germany under NATO’s alliance. As part of this deal, NATO powers promised Gorbachev that in return they would not expand the alliance further into former Warsaw Pact Nations, a promise they would soon break.

As an organisation fundamentally defined by the Cold War, NATO was left struggling to find its purpose in a post-Cold War world. It soon found this purpose during the protracted collapse of Yugoslavia.

Deterioration in Bosnia led the United Nations to ask NATO to enforce a no-fly-zone over Bosnia and Herzegovina, which started in April 1993. After downing 4 Serbian planes and an escalation in the war, the UN’s military commander was given power to call for NATO airstrikes without seeking consultation with UN officials. This soon led to NATO launching widespread airstrikes in the area.

Later in the decade, after a breakdown of talks between U.S. special envoy Richard Holbrooke and Slobodan Milosevic, the former handed the matter to NATO, who began a savage 78 day bombing campaign on Serbian targets. This operation, known as Operation Allied Force, became known for its high civilian casualties, with hundreds of civilians slaughtered by western airstrikes in 1999. This can be seen as the first example of NATO’s normalisation of civilian casualties, with the organisation keen to normalise the idea that high civilian casualties could be a necessary evil to promote peace, a morally bankrupt approach that would later haunt Afghanistan and Libya.

It has later been revealed that as part of NATO airstrikes, passenger trains were hit, Albanian refugee movements were repeatedly bombed, hospitals were struck with cluster bombs and bridges were destroyed with civilians desperately crossing.

During this conflict, the U.S. and UK opposed French attempts for the organisation to seek approval from the UN’s Security Council before launching airstrikes, claiming it would undermine the treaty’s authority, further emphasising the organisation’s neglect of democracy and embrace of bloodshed.

Afganistán

In the aftermath of 9/11, the U.S. invoked Article 5, forcing all NATO signatories to consider the attacks as attacks on all of them. This marked the first time that NATO had markedly expanded outside of its original North Atlantic parameters. This is of particular significance as it allowed the U.S. to use cover of NATO legitimacy to wage its imperialist War on Terror in the region.

NATO was soon asked to take control of the International Security Assistance Force, a force consisting of troops from 42 nations. This force was initially charged with just taking Kabul before having their mission expanded to the whole of Afghanistan.

NATO caused the massacre of tens of thousands of innocent civilians, with 20,000 dying in 2001 alone, statistics that form a haunting spectre over the intervention. While NATO was largely able to portray its intervention in Yugoslavia as a relative success and necessary task, the more the events in Afghanistan became common knowledge, the harder the intervention became to gloss. Influential anti-war groups like Stop the War Coalition were able to spread an anti-war sentiment and alert people to NATO’s massacres.

In March 2011, the United Nations called a ceasefire in Libya during the Civil War. NATO soon began to enforce a no-fly-zone over the country. It was soon reported that there were tensions within the alliance, deriving from the fact that only NATO nations were taking part in the operation, with a sizeable confrontation between U.S. and German officials. This crack in the alliance reflected the fact that the German government believed NATO had overstepped its mark in intervening in the conflict.

More than just opposition from the German government, thousands marched against the intervention, particularly in response to the high figures of civilian casualties. NATO soon had to defend themselves to suggestions that they had accidentally struck rebel fighters they were supporting. This in itself raised sizeable moral and legal questions regarding NATO’s presence in the nation. People began to question NATO officials whether their primary aim was to protect Libyan civilians or Libyan rebels, a question that in itself reveals the true aim of the intervention.

While clear to many at the time, it has only become clearer that NATO’s intervention in the country was to ensure regime change rather than protect Libyan civilians. This point is further illustrated by the dreadful stories of civilians slaughtered by NATO fire. One of these stories is that of 11 Imams who were killed by NATO airstrikes during a large prayer gathering praying for peace. Similarly, 85 people were killed in a building in the small village of Majer. This effecting story has since become infamous after the words of Lieutenant General Charles Bouchard, commander of the NATO mission, when asked to comment on the deaths, “I cannot believe that 85 civilians were present when we struck but I cannot assure there were none at all.” If any quote could summarise the organisation’s regard to civilian life, it is this one.

The present

Since the collapse of the Warsaw Pact, NATO has broken its promise to Gorbachev and has expanded beyond East Germany into countries such as Hungary, Poland and Estonia. In recent years there have been pushes for Ukraine and Georgia to be admitted into the organisation. The U.S. has been keen to expand NATO’s borders right up against that of Russia, whilst frustrated by Germany’s anxiety on the issue.

With or without Ukraine and Georgia, it is clear that NATO is intent on a policy of aggression. It is stationing more and more troops in former Warsaw Pact countries and has undertaken large scale manoeuvres in the region, in an effort to antagonise the Kremlin. This approach, undertaken under the backdrop of the bloody cauldron that is Syria, means that NATO is playing a dangerous game of chicken with Putin, baiting him to attack a NATO country and thus the whole organisation, initiating global war.


Warsaw Pact

Nuestros editores revisarán lo que ha enviado y determinarán si deben revisar el artículo.

Warsaw Pact, formalmente Warsaw Treaty of Friendship, Cooperation, and Mutual Assistance, (May 14, 1955–July 1, 1991) treaty establishing a mutual-defense organization ( Warsaw Treaty Organization) composed originally of the Soviet Union and Albania, Bulgaria, Czechoslovakia, East Germany, Hungary, Poland, and Romania. ( Albania withdrew in 1968, and East Germany did so in 1990.) The treaty (which was renewed on April 26, 1985) provided for a unified military command and for the maintenance of Soviet military units on the territories of the other participating states.

What was Warsaw Pact formally called?

The Warsaw Pact formally was called the Warsaw Treaty of Friendship, Cooperation, and Mutual Assistance. It was established on May 14, 1955.

What event prompted the creation of the Warsaw Pact?

In May 1955 West Germany joined NATO, which prompted the Soviet Union to form the Warsaw Pact alliance in central and eastern Europe the same year.

Which countries were part of the Warsaw Pact?

Warsaw Pact was a treaty that established a mutual-defense organization. It was composed originally of the Soviet Union and Albania, Bulgaria, Czechoslovakia, East Germany, Hungary, Poland, and Romania. Later Albania withdrew from the pact in 1968 and East Germany withdrew in 1990.

What did the Warsaw Pact do?

The Warsaw Pact provided for a unified military command and the systematic ability to strengthen the Soviet hold over the other participating countries.

When did the Warsaw Pact end?

After the democratic revolutions of 1989 in eastern Europe, the Warsaw Pact became moribund and was formally declared “nonexistent” on July 1, 1991, at a final summit meeting of Warsaw Pact leaders in Prague, Czechoslovakia.

The immediate occasion for the Warsaw Pact was the Paris agreement among the Western powers admitting West Germany to the North Atlantic Treaty Organization. The Warsaw Pact was, however, the first step in a more systematic plan to strengthen the Soviet hold over its satellites, a program undertaken by the Soviet leaders Nikita Khrushchev and Nikolay Bulganin after their assumption of power early in 1955. The treaty also served as a lever to enhance the bargaining position of the Soviet Union in international diplomacy, an inference that may be drawn by the concluding article of the treaty, which stipulated that the Warsaw agreement would lapse when a general East-West collective-security pact should come into force.

The Warsaw Pact, particularly its provision for the garrisoning of Soviet troops in satellite territory, became a target of nationalist hostility in Poland and Hungary during the uprisings in those two countries in 1956. The Soviet Union invoked the treaty when it decided to move Warsaw Pact troops into Czechoslovakia in August 1968 to bring the Czechoslovak regime back into the fold after it had begun lifting restraints on freedom of expression and had sought closer relations with the West. (Only Albania and Romania refused to join in the Czechoslovak repression.)

After the democratic revolutions of 1989 in eastern Europe, the Warsaw Pact became moribund and was formally declared “nonexistent” on July 1, 1991, at a final summit meeting of Warsaw Pact leaders in Prague, Czechoslovakia. Deployed Soviet troops were gradually withdrawn from the former satellites, now politically independent countries. The decades-long confrontation between eastern and western Europe was formally rejected by members of the Warsaw Pact, all of which, with the exception of the Soviet successor state of Russia, subsequently joined NATO.


Notas al pie

[1] Foreign Policy Archives of the Russian Federation (Arkhiv Vneshnei Politiki Rossiiskoi Federatsii, or AVP RF), F. 6, Op. l3, Pap. 2, D. 9, Ll. 20-25. I am grateful to Alexei Filitov for bringing the existence of this file to my attention.

[3] "Note of the Soviet Government… 31 March 1954," Supplement to New Times, no. 14, 3 April 1954.

Fuente: Foreign Policy Archives of the Russian Federation (Arkhiv Vneshnei Politiki Rossiiskoi Federatsii, or AVP RF), F. 6, Op. 13, Pap. 2, D. 9, L1. 56-59. Translated for CWIHP by Geoffrey Roberts.

Presidium, CC CPSUTo: Comrade G.M. Malenkov and Comrade N.S. Khrushchev

According to reports from Soviet embassies and missions and in the foreign press, the Soviet draft of a General European Agreement on Collective Security in Europe has provoked positive responses from quite broad public circles abroad, including such French press organs as Le Monde… At the same time, the Soviet draft has, for understandable reasons, provoked a negative reaction from official circles and from supporters of the “European Defense Community” in France, England and other West European countries. It should be noted that official circles in France have also taken measures to mute the Soviet proposal. Among opponents of the European Defense Community there are also those who don't support the proposal for a General European Agreement. In this regard the main argument advanced against our proposal is the thesis that the Soviet draft is directed at dislodging the USA from Europe so that the USSR can take its place as the dominating power in Europe. Especially broad use of this thesis is being made in France. Meriting attention in this connection is a conversation between our ambassador in Paris, comrade Vinogradov, and the Gaullist leader [Gaston] Palewski, who said the Soviet proposal is unacceptable in its present form because it excludes the USA from participation in the collective security system in Europe. According to Palewski attitudes to the Soviet proposal would change if the Soviet government declared the USA could take part in the system of collective security in Europe in its capacity as an occupying power in Germany, bearing in mind that the occupation of Germany would not last forever. From this statement of Palewski's it follows that the USA's participation in the General European Agreement on a system of collective security would be of a temporary character and limited to the period until the conclusion of a peace treaty with Germany.

The thesis of the dislodgement of the USA from Europe is also being used against the Soviet proposal by supporters of the European Defense Community in England and other countries, by official circles that support the plan for the creation of such a “community” and its so-called European army.

Taking this into account, the Foreign Ministry considers it advisable to limit the possibilities of using this argument against the Soviet draft by sending the governments of the USA, England and France a note which states that on its part the Soviet government sees no obstacle to the positive resolution of the question of the USA's participation in the General European Agreement on Collective Security in Europe. In the Foreign Ministry's view it would be inadvisable to declare that the participation of the USA would be of a temporary character. In this regard the Foreign Ministry proceeds from that fact that from the point of view of the interests of the struggle against the European Defense Community it would be inexpedient to indicate the temporary character of the USA's participation in the General European Agreement.

In introducing a proposal for the participation of the USA in the General European Agreement, the Foreign Ministry considers it advisable not to change the previous proposal that the Chinese People’s Republic would participate in the system of collective security in Europe as an observer

It is necessary to consider another argument deployed against the Soviet proposal, namely that it is directed against the North Atlantic Pact and its liquidation. In order to limit the use of this argument against the Soviet proposal the Foreign Ministry considers it advisable that simultaneously with our proposal about the participation of the USA in the General European Agreement we should, in the same note, pose, in an appropriate form, the question of the possibility of the Soviet Union joining the North Atlantic Pact. Raising this question would make things difficult for the organizers of the North Atlantic bloc and would emphasize its supposedly defensive character, so that it would not be directed against the USSR and the people's democracies.

The simultaneous posing of the possible participation of the USA in the General European Agreement and possibility of the USSR joining the North Atlantic Pact would be advantageous for us because it would be perceived as demanding a concession in return for the USSR's agreement on the participation of the USA in the General European Agreement… However, the Foreign Ministry's view is that our agreement on the admittance of the USA into the General European Agreement should not be conditional on the three western powers agreeing to the USSR joining the North Atlantic Pact.

Most likely, the organizers of the North Atlantic bloc will react negatively to this step of the Soviet government and will advance many different objections. In that event the governments of the three powers will have exposed themselves, once again, as the organizers of a military bloc against other states and it would strengthen the position of social forces conducting a struggle against the formation of the European Defense Community. Such a negative attitude toward the initiative of the Soviet government could, of course, have its negative side for us in so far as it affected the prestige of the Soviet Union. Taking this into account, the Foreign Ministry proposes that the Soviet note should not state directly the readiness of the USSR to join the North Atlantic bloc but limit itself to a declaration of its readiness to examine jointly with other interested parties the question of the participation of the USSR in the North Atlantic bloc.

Of course, if the statement of the Soviet government meets with a positive attitude on the part of the three western powers this would signify a great success for the Soviet Union since the USSR joining the North Atlantic Pact under certain conditions would radically change the character of the pact. The USSR joining the North Atlantic Pact simultaneously with the conclusion of a General European Agreement on Collective Security in Europe would also undermine plans for the creation of the European Defense Community and the remilitarization of West Germany.

The Foreign Ministry considers that raising the question of the USSR joining NATO requires, even now, an examination of the consequences that might arise. Bearing in mind that the North Atlantic Pact is directed against the democratic movement in the capitalist countries, if the question of the USSR joining it became a practical proposition, it would be necessary to raise the issue of all participants in the agreement undertaking a commitment (in the form of a joint declaration, for example) on the inadmissibility of interference in the internal affairs of states and respect for the principles of state independence and sovereignty.

In addition the Soviet Union would, in an appropriate form, have to raise the question of American military bases in Europe and the necessity for states to agree to the reduction of military forces, in accordance with the position that would be created after the USSR's entry into the North Atlantic Pact.

At the present time, however, it will be sufficient, taking into account the above considerations, to include at the end of the note a statement of a general character: “the Soviet Government keeps in mind that the issues arising in connection with this question must be resolved in the interests of strengthening world peace and the security of peoples.”


Ver el vídeo: Interview MUDr. Soňa Peková, PhD; CNN - K VĚCI Zašlo to příliš daleko